La Twitter Revolución debe morir.

En un momento en el que las “revoluciones” sacuden el norte de África y hace semanas que el 15-M entró en el panorama político actual la relevancia de los media sociales ha pasado al primer plano de las noticias.  Sin embargo, ¿Qué se esconde tras las fotos de manifestantes alzando una “f” color azul o de las pancartas con  hastags(#) que empiezan seguidos de una almohadilla? ¿Qué hay detrás de las Facebook y Twitter revoluciones? Sin duda estas pretendidas revoluciones virtuales acuñadas bajo el signo de grandes corporaciones de las redes sociales desvelan una mirada profundamente etnocéntrica y autoindulgente  hacia los problemas y la realidad del norte de África  con una cierta atmósfera de  cierta despolitización de la compresión de los conflictos como nexo común entre una y otra orilla del mediterráneo bajo la omisión de las contradicciones globales del capitalismo. Siguiendo artículos anteriores publicados en este blog en torno a internet, adjunto el siguiente artículo  escrito por Ulises Mejías, profesor Auxiliar de SUNY Oswego , que he traducido recientemente en donde se aborda desde una perspectiva crítica el rol de los nuevos media sociales.

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¿Alguna vez has oído hablar de la Leica-Revolución? ¿No? Eso es porque todos aquellos que no sabéis nada de “branding” os empeñáis en llamarla Revolución Mejicana.  Unas dos millones de personas murieron en la larga lucha (1910-1920) para derrocar a un gobierno despótico  y traer consigo reformas. ¿Pero por qué no deberíamos renombrar la revolución no por la nación o su gente sino por el “medio de comunicación social” que tuvo un impacto tan grande en hacer la lucha conocida en todo el mundo: la cámara fotográfica? Incluso mejor, llamemos a la revolución no  por el medio en si sino por el fabricante de las cámaras que portaron personas como Hugo Brehme para documentar las atrocidades de la guerra. Viva Leica, cabrones!

Mi sarcasmo es  por supuesto, un intento finamente disimulado de apuntar como de absurdo es referirnos a los acontecimientos en Irán, Túnez, Egipto y en otras partes como la Twitter Revolución y similares. Lo que llamamos a las cosas, los nombres que utilizamos para identificarlas tiene un poder simbólico increíble, y yo, renuncio a asociar marcas corporativas con las luchas por la dignidad humana. Estoy de acuerdo con Jillian York cuando dice:

 “…estoy contento de que los tunecinos fueran capaces de utilizar los media sociales para llamar la atención a su situación. Pero no deshonraré la memoria de Mohamed Bouazizi –o los otros 65 que murieron en las calles por su causa- interpretando aquello como otra cosa que una revolución humana.”

Admitiéndolo, como señala Joss Hands, parece haber más escepticismo que apoyo a favor de la idea de que herramientas como YouTube, Twitter y Facebook son las principales responsables de encender las sublevaciones en cuestión. Pero eso tampoco ha impedido a la intelligentsia de internet de abordar en extensos argumentos la cuestión del rol que la tecnología está jugando en estos acontecimientos históricos. Un sector, compuesto por personas como Clay Shirky, parece hacer concesiones a lo que Cory Doctorow llama “el poder especial de internet para conectar y liberar”. Del otro lado, autores como Ethan Zuckerman, Malcolm Gladwell y Evgeny Morozov han propuesto que mientras los media digitales pueden desempeñar un papel en la organización de movimientos sociales no se puede contar con que puedan construir alianzas duraderas o tan siquiera proteger a los activistas en la red una vez que las autoridades empiecen a utilizar las mismas herramientas para reprimir la disidencia.

Ambas posturas, puede que se acerquen a cierto determinismo tecnológico –una embelesando el agente tecnológico, el otro disminuyendo su relevancia. La verdad, como siempre, está en algún lugar en medio y los filósofos de la tecnología resolvieron la disputa de si la tecnología moldea la sociedad (determinismo tecnológico) o la sociedad determina la  tecnología (materialismo cultural) hace ya un tiempo: El hecho es que tecnología y sociedad se determinan mutua y continuamente la una a la otra.

Entonces  ¿Por qué la imagen de una revolución producida por los media sociales continua agazapando titulares y captando el interés de las audiencias occidentales, y cuáles son los peligros de la utilización de tal imaginario? Mi temor es que tanto bombo en torno a las Twitter/Facebook/YouTube revoluciones lleva a cabo dos funciones: Primero, despolitiza nuestro entendimiento de los conflictos, segundo,  encubre el papel del capitalismo en la represión de la democracia.

Elaborar el discurso de la revolución de los media sociales es una forma de empatía auto-enfocada en la cual imaginamos al otro (en este caso, al otro musulmán) como nada más que una proyección de nuestro propios deseos,  un instante despolitizado en nuestro propio favor.  ¡Qué poderosa afirmación de nosotros mismos es creer que las personas implicadas en una lucha desesperada por la dignidad  humana están usando los mismos productos Web 2.0 que nosotros empleamos! Que seamos capaces de formar esta empatía fundamentalmente basada en el consumismo demuestra hasta qué punto hemos comprado la idea de la democracia es un co-producto de los productos mediáticos para la auto-expresión y que las corporaciones que estos productos mediáticos nunca estarán con los gobiernos enfrentados con su propia gente.

Es el momento de abandonar esta fantasía y darnos cuenta de que aunque la arquitectura original de internet fomenta la apertura,  ésta se está convirtiendo cada vez más privatizada y centralizada. Mientras es cierto que internet controlado por un puñado de conglomerados mediáticos puede ser todavía utilizado para promover democracia (como la gente está haciendo en Túnez, Egipto y todo el mundo), necesitamos reconsiderar el rol que corporaciones de media sociales como Facebook y Twitter jugarán en estas luchas.

La forma más clara de  entender este papel es simplemente mirar el pasado y presente papel que las corporaciones han desempeñado “facilitando”  la democracia en otros lares.  Tened en cuenta la imagen superior del bote de gas lacrimógeno disparado contra los egipcios que demandaban democracia. El bote está etiquetado Made in U.S.A.

Pero seguramente no sería una gran calumnia sugerir que las T.I.C están en el mismo nivel que el gas lacrimógeno ¿no? Bueno, quizás no. Hoy, nuestras exportaciones abarcan no solo armas de guerra y  de control de disturbios utilizadas para mantener en el poder a líderes corruptos sino también armas de vigilancia de internet como Narusinsight, producida por una empresa subsidiaria de Boeing y utilizada por el gobierno egipcio para localizar y “hacer desaparecer”  a disidentes.

Incluso sin citar ejemplos específicos de compañías web que han ayudado a gobiernos en la vigilancia y persecución de sus ciudadanos (Jillian York documenta algunos de estos ejemplos), quiero simplemente decir que la emergente estructura de mercado de internet está amenazando su potencial para ser usado por las personas como herramienta para la democracia. A mayores monopolios (una estructura de mercado caracterizada por un único vendedor) que controlen el acceso y la infraestructura, y mayores monopsonios (una estructura de mercado caracterizada por un único comprador) que controlen la acumulación y distribución de contenidos generados por el usuario más fácil resultará para las autoridades de desconectar el enchufe como ocurrió en Egipto.

Recuerdo de llamada “primera revolución de internet”. Casi cien años después de la Revolución Mejicana, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional lanzó una sublevación en el sur de Méjico para intentar abordar algunas de las injusticias que la primera revolución no arregló y aquello ha permanecido irresoluto hasta el día de hoy. Pero entonces en 1994 el Subcomandante Marcos y el resto del EZLN no tenían perfiles de Facebook o usaron Twitter para comunicarse u organizarse. Quizás su movimiento habría sido más efectivo si lo hubieran hecho. O quizás logró mantenerse vivo por la naturaleza descentralizada de las redes que el EZLN y sus partidarios utilizaron.

Mi argumento es este: A medida que las redes digitales crecen y se vuelven más centralizadas y privatizadas, incrementan las posibilidades de participación pero también incrementan la desigualdad y hacen más fácil controlarlas a las autoridades.

De este modo, el verdadero cambio va a ser figurar como continuar la lucha una vez que la red haya sido apagada. De hecho, la lucha será en contra aquellos que poseen y controlan la red. Si la lucha no puede seguir con Facebook y Twitter entonces está condenada al fracaso. Pero sospecho que la gente de Irán, Túnez y Egipto (a diferencia de nosotros) saben ya esto, causa de la pura necesidad.

[Ulises A. Mejías es Profesor Auxiliar en la Universidad Estatal de Nueva York, Facultad de Oswego. Su libro, The Limits of Nodes: Unmapping the Digital Network, está siendo revisado por editores]

Link original del artículo: http://blog.ulisesmejias.com/2011/01/30/the-twitter-revolution-must-die/

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Para ampliar:

En este pequeño video se recogen algunas ideas adicionales de Evgeny Morozov en torno a la relación entre demoracia, la red y los media sociales.

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